Cuando estaba en la secundaria
en algún momento armé mi grupo de amigos,
éramos tres o cuatro,
dependiendo el día.
Algunas veces caminábamos por el centro
en busca de panchuques picantes,
había de roquefort también.
A veces decía - me acompañan a que le vaya a pedir
plata a mi vieja en la escuela? -
Había que caminar tres cuadras.
En esa época te acompañaban sin chistar.
No me quejo,
ahora trabajamos
y estamos cansados.
No necesitaba la plata.
Ya habíamos comprado y comido los panchuques.
Quería ver a sus alumnas del terciario,
me llevaban como 6 años,
o un metro, calculaba yo.
Las recuerdo altas
como las ventanas de la escuela.
Las aulas estaban arriba.
Tenía que subir una escalera caracol,
de mármol,
que iba por dentro de un cilindro
gigante y frío.
Las alumnas del terciario
fumaban, apoyadas en esa pared curva y gris,
con su pelo largo, guardapolvo y jean.
Algunas estaban sentadas,
iluminadas levemente
por un patio de mosaicos
de las siete de la tarde.