Los golpes metálicos del mástil
que está en la planta baja
nunca se detienen
porque los mueve el viento
y al igual que él
llaman algo que nunca llega.
El ruido de la amoladora
es insoportable, como un grito rústico agonizante
de un robot siendo torturado
pero sólo dura una mañana
Después queda el insomnio
El eco de la ruptura
¿Quién pone una herrería en un pulmón de manzana?
¿Quién conoce a alguien antes de irse?
Pero siempre nos vamos
y siempre nos mudamos a la par de un taller.
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